Cuando el conocimiento se convierte en negocio: Rodrigo Fernandez de Almeida explica cómo los productos digitales cruzan fronteras
Por Daniela Montenegro
Saber hacer algo muy bien no significa necesariamente saber enseñarlo y, mucho menos, conseguir transformar ese conocimiento en un producto capaz de encontrar compradores a través de internet. Entre la experiencia de un especialista y un negocio digital existe una etapa que involucra organización, posicionamiento, comunicación, tecnología y estrategia comercial.
Es precisamente en ese espacio donde trabaja Rodrigo Fernandez de Almeida, emprendedor, estratega de marketing digital y cofundador de Pixel ’n Rock. Con más de 20 años de experiencia en comercio electrónico y negocios digitales, actualmente se dedica a la estructuración, difusión y comercialización de productos educativos, incluso en operaciones dirigidas a consumidores de diferentes países y mercados.

“Una persona puede tener un enorme conocimiento sobre un determinado tema y, aun así, no saber cómo transformar esa experiencia en un producto digital. Nuestro trabajo comienza por entender qué puede realmente enseñar y para quién ese conocimiento puede generar valor”, afirma Almeida.
A partir de esa definición, entra en juego una estructura que va mucho más allá de grabar clases. Es necesario organizar la oferta, definir cómo se presentará el producto, desarrollar el recorrido de compra y establecer estrategias para encontrar potenciales clientes.
En Pixel ’n Rock, Almeida trabaja con productos educativos, campañas de lanzamiento, modelos de venta continua, automatizaciones y adquisición de clientes a través de publicidad paga.
La posibilidad de cruzar fronteras también amplió el mercado para este tipo de negocios. El español, por ejemplo, conforma actualmente una comunidad de más de 630 millones de hablantes potenciales en diferentes regiones del mundo, según datos del Instituto Cervantes. Para empresas y especialistas que trabajan con conocimiento digital, esto representa un público que no necesariamente está limitado al país de origen.
Almeida advierte, sin embargo, que internacionalizar un producto digital no significa simplemente traducir una página o reproducir la misma campaña en otro país.
“Cuando entramos en otro mercado, necesitamos entender cómo compra ese público, qué argumentos tienen sentido, cuáles son sus referencias, su lenguaje e incluso las barreras que pueden impedir una venta. Traducir es una parte pequeña del proceso. Internacionalizar exige adaptar la estrategia.”
“Un curso no se convierte en un negocio simplemente porque fue colocado en una plataforma. Necesitamos conectar conocimiento, comunicación y estrategia comercial. Si el público no entiende claramente qué problema resuelve ese producto, existe una dificultad incluso antes de la venta”, explica.
Entre los proyectos actuales se encuentran operaciones como Cookie Academy, vinculada al Chef Áureo, cuya comunidad ya reunió a más de 21 mil alumnas en 134 países y territorios, además de trabajos desarrollados con A Brigadeirinha, dentro del segmento de pastelería y brigadeiros.
Ambos casos muestran cómo conocimientos altamente especializados pueden estructurarse como productos educativos digitales, ganar escala y alcanzar públicos más allá de su mercado de origen.
Desde 2020, Cookie Academy registró más de 34 mil ventas, y cerca del 30% de la facturación provino de compradores de fuera de Brasil, con especial presencia de Estados Unidos, México, Portugal, España y Colombia. Solamente en países de habla hispana, incluida la Argentina, se realizaron más de 1.300 ventas.
“Uno de los errores es imaginar que hablar el mismo idioma significa estar frente al mismo mercado. Argentina, México, España o el público hispano de Estados Unidos pueden consumir contenidos en la misma lengua, pero tienen referencias, hábitos de compra y expectativas diferentes. La estrategia necesita considerar esas particularidades”, afirma Rodrigo Fernandez de Almeida.
En este modelo, el especialista continúa siendo responsable del conocimiento técnico, mientras que la coproducción se ocupa de la estructuración comercial, el posicionamiento, la adquisición de clientes y la expansión del negocio. En proyectos como Cookie Academy, Pixel ’n Rock participa formalmente como coproductora de la operación en la plataforma Hotmart.
“Coproducir no significa reemplazar al especialista. Él continúa siendo la referencia en el conocimiento que está enseñando. Nuestro papel es ayudar a construir la estructura necesaria para que ese conocimiento encuentre público y tenga condiciones de transformarse en una operación digital”, señala Almeida.
Otro desafío aparece a la hora de atraer compradores.
Las campañas en plataformas como Google y Meta pueden llevar personas hasta el producto, pero Rodrigo destaca que generar tráfico es solamente una parte del proceso.
“No sirve de mucho atraer a una gran cantidad de personas si la oferta no está clara o si el recorrido de compra crea obstáculos. Por eso observamos el anuncio, la página, la comunicación, la conversión y las ventas como partes de una misma operación”, destaca.
La tecnología también redujo algunas de las barreras para la expansión de estos negocios. La automatización, las plataformas digitales y las herramientas de inteligencia artificial comenzaron a apoyar la atención al cliente, la distribución de contenidos y la adaptación de materiales, permitiendo que operaciones relativamente pequeñas atiendan a públicos geográficamente dispersos.
Para Rodrigo, sin embargo, las herramientas vienen después de la propuesta de negocio.
“La tecnología ayuda a ganar escala, pero por sí sola no crea un buen producto. Todo comienza con un conocimiento que tenga valor para alguien. A partir de ahí, la estrategia y la tecnología ayudan a transformar ese conocimiento en algo que pueda ser enseñado, encontrado y comercializado”, concluye Rodrigo Fernandez de Almeida.
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